Bioempaque, camino de transformación

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Bioempaque, camino de transformación

Pensar fuera de la caja y ver las cosas más allá de los intereses comerciales da pie a nuevas ideas en empaques con materias primas distintas de las que se derivan del petróleo. Propuestas que, sin duda, valdrán oro y cambiarán el mundo. Les presentamos un ejemplo de esto.

Por: Adriana García Ledezma.

Del popular adagio “Lo que importa va por dentro” se pueden hacer muchos análisis según el contexto. Por ejemplo, en la industria de los empaques: cuándo este agrega más valor que el fin de proteger su contenido o cuándo justifica revisar sus características y qué hace que la envoltura sea tan importante como su interior. Y justamente aquí presentaremos un cambio de paradigma en cuanto a creación de empaques para alimentos y la historia de una emprendedora de bioempaques.

INTELIGENTES Y ACTIVOS

Envolturas que le avisan al cliente final si el alimento está a punto para ser consumido o cajas de electrodomésticos que dan las primeras instrucciones de funcionamiento al aparato son dos simples ejemplos de cómo este sector del empaque está cambiando.

La industria de la alimentación no es ajena a estas transformaciones y lo que antes era premisa en cuanto a que el empaque debería ser inocuo como barrera adicional de protección, hoy día ha cambiado y se ha superado. Los envases activos y los llamados inteligentes interactúan con el alimento para alargar su ciclo de vida, hacer la trazabilidad, informar acerca de su forma de uso y conte-nido y mejorar incluso su seguridad.

El tema va más allá de incluir el cono- cido sachet inhibidor de humedad, pues se ha llegado a incluir agentes antibacterianos, hologramas, chips y toda suerte de artilugios que tienen tanto defensores como detractores en la industria de alimentos. Entonces, vale la pena aclarar qué es un empaque activo y cuál es el que se considera inteligente:

Empaque activo: son aquellos envases que aportan propiedades a los alimentos o potencian los que ya tienen por naturaleza; por ejemplo, los que expiden una sustancia antimicrobiana para hacer más lento el proceso de deterioro o aquellos que aportan aromas agradables y minimizan la ranciedad.

Empaque inteligente: aquellos que en sí mismos son un sistema de monitoreo o trazabilidad de las condiciones del alimento, o de posibles alteraciones fisicoquímicas y biológicas que dan cuenta de los cambios del producto a lo largo de toda la cadena de suministro. Ejemplo de este son los empaques para carnes.

En ambos casos, los riesgos y las ventajas son materia de estudio y, sobre todo, de campañas de información al cliente final, que aún no termina de ser consciente de este tipo de cambios.

Así lo advierten expertos como Jorge Lorenzo, del Departamento de Aguas y Envases del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA) de España, quien manifiesta que ninguna de estas soluciones debe aprovecharse para enmascarar defectos del producto, so pena de cometer un fraude a todos los niveles.

EMPRENDEDORA DESDE LA CUNA

La historia de Gissele Mendoza es una de esas experiencias interesantes de conocer y contar. Ella es una estudiante mexicana de séptimo semestre de economía en el Tecnológico de Monterrey. Ejemplo de superación personal y académica y gran espíritu emprendedor. Su rutina le exige todas las horas libres después de clases para trabajar en el desarrollo de un biopolímero elaborado a partir de cáscaras de naranja.

Su idea surgió en 2015 durante el primer semestre de su carrera. La problemática que la motivó para hacer realidad su desarrollo fue la contaminación que genera el plástico y, a su vez, la oportunidad que representa México como quinto productor mundial de naranja. Se trató, entonces, de hilar estas dos circunstancias a fin de dar una solución.

“Cerca del 45 % del fruto de la naranja se desperdicia y fue a partir del emprendimiento que busqué dar forma a la idea de desarrollar el biopolímero”, detalla Giselle. A continuación, las claves de la conversación que Revista de Logística tuvo con la fundadora y CEO de GECOtech.

¿Cuáles fueron los desafíos más importantes que tuvo que superar para sacar adelante la idea de los empaques?

Fueron muchos los retos, desde tener que estudiar una tecnología fuera de mi campo de estudio y construir un buen grupo de trabajo para esta empresa de base tecnológica, hasta el desafío de llevar al mercado algo que no existe. Además, el ecosistema de Latinoamérica para la inversión en tecnología no está maduro, algo que resulta poco común y añade un desafío más a la idea en sí.

¿Con la idea del producto, nace la empresa? ¿Cuánto ha variado el número de personas que la han apoyado desde el inicio hasta la fecha?

Así es. Con la idea nació GECOtech y las personas que me han apoyado ha crecido y, al mismo tiempo, se ha ido depurando, pues al tratarse de una empresa de esta naturaleza se prueba el talante de las personas que en definitiva deben tener una mentalidad plena de resiliencia en materia de emprendimiento.

¿Consideró otra materia prima distinta de la naranja?

Sí, pero no me alejé mucho, pues consideré otros frutos cítricos o residuos frutales como el limón, la lima, etc.

Además de ser reconocida en Global Student Entrepreneur Awards en febrero de 2018, ¿qué otras distinciones ha recibido a título personal y empresarial por su idea de los empaques?

Tuve la oportunidad de interactuar en el ecosistema de Silicon Valley de San Francisco y Boston. He participado en varios concursos de emprendimiento social o verde.

¿Qué ventajas se han derivado de estas oportunidades?

Básicamente, el acceso a servicios legales y diversos talleres, como de incubación de empresa, propiedad intelectual, técnicas de negociación y cadena de valor. En resumen, me he formado en emprendimiento innovador con énfasis en biotecnología y empresas de valor con base tecnológica. Independientemente de lo que trate nuestra idea, los emprendedores tenemos en común que nos toca convertirnos en ‘todólogos’ y aprender muy bien todo lo referente a nuestro negocio.

¿Cuáles han sido las inversiones que este emprendimiento ha requerido?

En tiempo hemos invertido un poco más de dos años y medio y empezamos con cero pesos. Lo que ha entrado (por ejemplo, los 600 mil pesos mexicanos recibidos como reconocimiento por emprendimiento e innovación del Global Student Entrepreneur Awards) se ha destinado en su mayoría a investigación y desarrollo tecnológico para hacer el biopolímero.

¿Qué respuesta o niveles de interés ha despertado su idea?

Ha sido tremendo. Hemos visto mucho interés de muchas partes, tanto por parte del consumidor final como por los fabricantes, proveedores de materia prima e inversionistas.

¿Dónde se encuentra hoy GECO?

La sede principal en la actualidad está en mi ciudad (Monterrey, México), pero otras partes del equipo humano de innovación y desarrollo se encuentran en Boston, Perú y Ciudad de México.

By |2019-08-23T10:05:28-05:00agosto 23rd, 2019|Empaque|0 Comments

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