¿Cómo enfrenta hoy la logística colombiana las nuevas necesidades de los mercados?

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¿Cómo enfrenta hoy la logística colombiana las nuevas necesidades de los mercados?

Por: Rogelio Gutiérrez P. – MBA y DBA(*)
Consultor internacional
rogup@outlook.com

A propósito de las columnas que escribo para el diario El Tiempo, me consultaron sobre la posibilidad de realizar un análisis para la edición dedicada a la costa Atlántica, en el que destacara los principales progresos y represamientos de la logística en esa región, frente a los retos de los mercados en esta segunda década del siglo XXI. La reflexión me llevó a dos lógicas conclusiones: la primera, que no es posible mirar el problema de la competitividad nacional a través de los avances en una sola región; y la segunda, que sería necesario homologar los parámetros con los cuales se podrían medir esos avances en materia logística, para afrontar tales desafíos competitivos.

Y es que indudablemente la tecnología, la globalización y la responsabilidad socioambiental son las tres grandes fuerzas transformadoras de los mercados en los últimos 15 años, y es alrededor de la evolución y las proyecciones combinadas de esas fuerzas sobre las que debe enfocarse el desarrollo y los retos de la logística mundial, y, desde luego, sus implicaciones a nivel nacional.

Quizás uno de los grandes problemas de la logística en Colombia radica justamente en el errado paradigma que insiste en limitarla a las realizaciones de la infraestructura para el transporte y la movilización de carga, deleznando de esa forma las enormes posibilidades que a partir de sus planteamientos estratégicos y procesos de gestión pueden y deben aportar a la competitividad tanto del país y las regiones como de las empresas.

Atendiendo a esas fuerzas motrices de los mercados, el desafío logístico del siglo XXI no se limita a la optimización de costos, sino que se concentra en la necesidad de generar y agregar valor: añadir valor a los diferentes tipos de clientes (bien sean consumidores, usuarios, compradores o instituciones); generar valor para las empresas que redunde en réditos para accionistas e inversionistas; y desde luego, agregar valor al desarrollo social responsable disminuyendo los impactos negativos al medioambiente.

Esa generación de valor se debe reflejar fundamentalmente en la confiabilidad de las cadenas de suministro que conectan a las economías con sus mercados, mediante el desarrollo de más y mejores servicios (ellos deben ser el resultado de esfuerzos entre los sectores público y privado), y no focalizarlas exclusivamente en el comercio exterior y el transporte internacional, sino que también le apunten al desempeño logístico dentro las regiones y entre ellas, con especial atención a la gestión de sus impactos y sostenibilidad ambientales.

Es necesario establecer otras fuentes de medición del avance y desarrollo de la logística, que nos permitan visualizar, y sobre todo proyectar, el papel innovador y propositivo de otros actores (diferentes al estatal) que deben intervenir en ese proceso, como el sector comercial, la industria manufacturera y de servicios, y la academia. Porque, por ejemplo, el LPI (Logistics Performance Index) que publica bienalmente el Banco Mundial provee unos indicadores comparativos entre más de 140 países, que intentan medir aquellos aspectos en los que la competitividad de un país se ve afectada por la influencia de los costos y tiempos logísticos de la operación, pero ampliamente influidos por las condiciones y desarrollo de la infraestructura.

Esos índices de desempeño logístico, obtenidos a partir de diversas encuestas a personas relacionadas con el comercio internacional, en su última publicación del año pasado muestran un preocupante panorama para Colombia no solo en términos de calificaciones promedio (2,6 en una escala de 5), sino que comparativamente le otorgan un vergonzoso puesto 94 a nivel mundial y 12 en Latinoamérica en términos de calidad de la infraestructura y de otros factores críticos como los problemas de eficiencia y eficacia en las aduanas, las dificultades para contratar envíos a precios competitivos y la falta de seguimiento y localización de las mercancías.

Sin embargo, existen otros aspectos que no pueden ser evidenciados con base en la variación de los costos operativos ni son fácilmente identificables a partir de la ‘fotografía’ mediática de unos índices comparativos, sino que deben ser analizados a la luz del desarrollo de las competencias para asumir los desafíos frente a la evolución de los mercados, y que no necesariamente recaen en las acciones estatales sino que dependerán fundamentalmente de los desarrollos empresariales y de la labor de las instituciones educativas en la formación de talentos operativos y directivos que jalen el desempeño y el progreso innovador de la logística.

Entre otras cosas, porque en la medida en que las corporaciones sean más grandes e influyentes, la participación de los privados contribuirá a los desarrollos competitivos de la logística, bien de manera directa o mediante la asociación con el sector público, pero sobre todo con la innovación en los procesos y la introducción de tecnologías disruptivas (duras y blandas), que ayuden a mejorar la cobertura y calidad de los servicios logísticos desarrollando las regiones y mejorando los niveles de calidad de vida con procesos ambientalmente sustentables.

Con el rápido y cada vez más intensivo crecimiento del comercio electrónico y la acelerada secuencia de logros tecnológicos, se precisa diversificar los esfuerzos logísticos y no concentrarse únicamente en las operaciones a escala del transporte volumétrico. Si bien la infraestructura para los diferentes modos de transporte tradicionales es un factor clave para el intercambio comercial, las nuevas necesidades de los mercados deben enfocarse en la planeación y modernización de los procesos de la logística urbana y regional, que faciliten la conectividad global sin afectar la calidad de vida de las comunidades y su entorno ambiental, con planteamientos logísticos colaborativos de avanzada.

(*) El doctor Gutiérrez es máster en Gestión de Empresas de la Universidad Ramón Llull, de Barcelona (España), y tiene estudios doctorales en Administración. Tras más de 25 años en cargos de alta dirección y juntas directivas, actualmente se desempeña como consultor internacional en gestión de la cadena de abastecimiento y es catedrático de posgrados en prestigiosas universidades de Latinoamérica.

By | 2017-12-04T10:20:11+00:00 diciembre 4th, 2017|Logística|0 Comments

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