La calidad como punta de lanza de la producción

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La calidad como punta de lanza de la producción

En un mercado en el que cada día se requiere ser más competitivo para poder alcanzar las metas comerciales y retener a los clientes, contar con controles que garanticen la calidad de los productos es esencial y constituye una prioridad.

Por: Luis Daniel Vargas M.
@vamoluda

Las sociedades modernas, principalmente aquellas que basan sus modelos comerciales y económicos en principios capitalistas y de libre mercado, han desarrollado dinámicas en la que los consumidores propenden por acceder a bienes y servicios que contribuyan a suplir cada vez mejor sus necesidades, sean estas de primer orden o no.

Más allá de la discusión en torno a una u otra vertiente política, esta manera de aproximarse al mundo es una realidad que conlleva una serie de fenómenos que de una u otra manera posibilitan y fomentan que la calidad cobre cada vez una mayor relevancia.

Una de estas consecuencias es sin duda la creciente competencia en los mercados, dado que al generarse espacio para la comercialización de bienes y servicios, se fomenta e incentiva el que aparezcan personas y empresas dispuestas a ofrecer soluciones a las necesidades de un gran número de personas.

De la misma manera, y de forma consecuente, al crecer la competencia aparecen nuevos elementos que son tenidos en cuenta por los clientes al momento de tomar una decisión en torno a que producto adquirir; el precio, las promociones, la marca, entre otros, son factores que cobran mayor relevancia al momento en que los competidores dentro de un mercado crecen en número.

No obstante, en el momento en que todos los anteriores elementos se convierten en habituales (en gran medida por el crecimiento de los competidores y la oferta), es la calidad la que sobresale y se constituye como el factor diferenciador que puede inclinar la balanza ante un comprador que busca satisfacer sus necesidades de la mejor manera.

Esta dinámica es cada vez más habitual, no solo por la creciente necesidad de bienes y servicios con altos estándares de calidad que satisfagan las necesidades de un público ávido de nuevas experiencias, sino porque esta se ha convertido en una exigencia y en el estándar mismo a la hora de pretender ingresar a un mercado plagado de opciones y alternativas.

LA CALIDAD COMO EJE DE LA COMPETITIVIDAD

Es cada vez más común que los consumidores refieran a la calidad como uno de los elementos que más determina su decisión de compra, llegando incluso a sobrepasar a otros como el precio, que a priori puede llegar a ser de lo más relevante.

Esta es una dinámica que permea prácticamente a cualquier categoría de producto o servicio y que se hace presente en un gran número de industrias, impulsada en gran parte por la creciente competencia en el mercado y una mayor cantidad de recursos disponibles.

Esta realidad ha llevado a muchas empresas a replantear sus modelos de negocio, que en el pasado se basaban en producir al menor costo posible para así competir por precio, lo cual si bien puede ser aún válido en ciertas industrias y contextos, en general no produce los mejores márgenes de ganancia, ni la fidelidad de los clientes, ni un reconocimiento a largo plazo.

Debido a esto, hoy en día se invierten recursos económicos y humanos, en generar controles y en general dinámicas que aseguren la calidad de los productos y servicios que se ofrecen, y que además contribuyan a un desarrollo permanente de esta, la cual debe evolucionar como resultado de clientes cada vez más informados
y exigentes.

Gracias a la revolución tecnológica y de la información, a la disminución de la pobreza, e incluso al desarrollo del crédito como mecanismo para acceder a cierto tipo de productos, hoy en día los consumidores poseen la capacidad de escoger opciones que se ajusten a sus necesidades y que presenten para ellos la mejor calidad, acorde esta, a las posibilidades y expectativas de cada persona.

PERO ¿QUÉ ES LA CALIDAD?

La calidad, en principio, tiene que ver con el nivel de satisfacción que una persona puede lograr a partir de la interacción y la experiencia que tenga con un producto en particular; a mayor calidad, mayor satisfacción.

Si bien a partir de esta aproximación el concepto de calidad varia en gran medida de acuerdo a cada individuo, sus creencias, expectativas y experiencias previas, exciten parámetros que permiten medir esta de forma objetiva, de manera que se estandarice la visión que se de ella se tiene.

De acuerdo con el ISO, un conjunto de normas sobre calidad y gestión de calidad, establecidas por la Organización Internacional de Normalización, la calidad es “el grado en el que un conjunto de características inherentes cumple con los requisitos”.

Según lo anterior, la calidad se relaciona directamente con una serie de parámetros que se esperan de un producto y con el nivel de certeza o precisión con el que estos se satisfacen, lo cual limita en gran medida la subjetividad en torno a este concepto y permite hacer comparaciones y lecturas más acertadas entorno a lo que puede tener o no calidad.

A partir de este punto la calidad se convierte en un elemento diferenciador de gran valor que permite a los actores del mercado distanciarse de su competencia y a los consumidores acceder a bienes y servicios que cumplan con una serie de elementos que en su conjunto deben satisfacer la necesidad que a partir de estos se pretende cubrir.

LA CALIDAD COMO UN PROCESO

Es muy común, sobre todo desde el punto de vista del consumidor final de un bien o servicio, que la calidad se asocie al producto finalizado; el que es adquirido por el cliente en la búsqueda de satisfacción de una necesidad particular, sin embargo, esta es una mirada sesgada, en la que se descartan elementos de gran valor dentro de todo el proceso de producción, y en
general, dentro de todas las dinámicas de una organización.

Para que la calidad pueda traer consigo sus beneficios, debe ser parte de la filosofía de la organización e impregnar todas las facetas de esta, para que así mismo se generen dinámicas que posibiliten el desarrollo de la misma.

En la actualidad la calidad no es solo un elemento de marketing, constituye una parte fundamental de la organización que busca su éxito y sostenibilidad a largo plazo, dado que hoy en día la calidad apunta a los objetivos más comunes de las empresas: rentabilidad, crecimiento y seguridad. Debido a todo lo anterior, los recursos dirigidos a mantener y mejorar constantemente la calidad, deben estar presentes a lo largo del proceso de producción, partiendo desde las facetas en las que se involucran a las materias primas, y llegando hasta el producto terminado, sin que esto signifique que solo la producción debe verse involucrada.

Es de esta manera como para que la calidad de convierta en parte de todos los procesos de la compañía, y en especial a aquellos relacionados con la producción, es necesario tener en cuenta ciertos elementos de gran importancia como el muestreo o la muestra.

Dependiendo del tipo de producto del que se hable, es de gran importancia poder seleccionar una cantidad representativa del total de la producción para ser inspeccionada y garantizar que todo el producto que llegue a cliente final, lo haga en las mejores y óptimas condiciones.

La cantidad de unidades que debe ser sometidas a este proceso depende mucho del tipo de industria y producto, sin embargo es importante tener en cuenta que entre más alto sea el porcentaje de la muestra, es menor la probabilidad que un producto que no cumpla con los estándares de calidad llegue al mercado.

De otra parte, al aumentar la muestra tomada para inspeccionar, mayores son los recursos que se deben emplear como parte del proceso de control de calidad, lo cual puede tener repercusiones en factores como los costos de producción y los tiempos de entrega.

LA ESTRATEGIA DE LA CALIDAD

La calidad es un elemento cuya importancia es tal, que debe ser parte esencial de una organización para que pueda, de esta manera, impregnar todos y cada uno de los procesos que al interior de esta se realizan.
Para que la calidad se convierta en una estrategia empresarial, de acuerdo al Ingeniero Bryan Salazar López, existen una serie de pasos que se deben tener en cuenta:

  • Identificar el cliente.
  • Determinar sus necesidades y traducierlas al lenguaje de la organización.
  • Desarrollar un producto que pueda responder a esas necesidades.
  • Optimizar el producto de manera que cumpla con los objetivos de la organización y con las necesidades del cliente.
  • Desarrollar un proceso que pueda generar el producto.
  • Optimizar y estandarizar el mencionado proceso.
  • Probar que ese proceso pueda generar el producto en condiciones normales de operación.
  • Transferir el proceso a operación.

El rótulo de “estratégica” que posee la calidad, no tiene que ver única y exclusivamente con seguir los pasos anteriores, es más un asunto relativo al peso inherente a ella, que se relaciona con todo los nodos dentro del proceso productivo de una organización.

Al respecto, según Salazar, “el proceso de control de calidad realiza o participa en la caracterización de los nuevos productos o servicios en sus diferentes fases de desarrollo y en el establecimiento de las especificaciones de calidad de los mismos. Del mismo modo que desarrolla, ejecuta o coordina la ejecución de los métodos de ensayo para determinar las características de calidad de las materias primas, materiales, productos intermedios y productos finales”, lo cual muestra la importancia de esta dentro de todos las fases de una cadena de producción, y en general de la organización.

La calidad es una estrategia que puede traer consigo múltiples beneficios, la mayoría de ellos a largo plazo y de gran impacto, sin embargo para que esto sea así, se debe contar con un planteamiento claro que permita un total compromiso con la calidad y con los procesos que esta implica.

“Si desea mejorar las características de un proceso de producción, debe comenzar por interesarse en la calidad de lo que sea que estás haciendo. Mejorando la calidad de lo que está produciendo conduce a: menos despilfarro, menos coste, productividad más alta, mejor calidad y más satisfacción por parte de todos”.
Myron Tribus.

CONTROL DE LA CALIDAD

Lograr estándares de calidad que le permitan a una organización ser competitiva, depende en gran medida de los controles que se tengan en cada momento de la cadena de producción, por lo cual desarrollar un control de calidad idóneo y ajustado a la realidad de la organización, resulta fundamental.

De la misma manera en que para que la calidad se convierta en una
estrategia empresarial existen una serie de pasos. Para elaborar un control se recomienda seguir una lista de acciones que posibilitan que este sea el adecuado y cumpla con los objetivos que para él se han trazado.

  • Elegir que controlar: el sujeto.
  • Desarrollar un objetivo para una característica de control.
  • Determinar una unidad de medida.
  • Desarrollar un medio o sensor para mediar la característica de control.
  • Medir la característica durante el proceso o prestación o al final de éste.
  • Evaluar las diferencias entre el desarrollo real y el esperado.
  • Tomar las acciones necesarias.
By |2018-11-15T14:41:14+00:00noviembre 15th, 2018|Logística|0 Comments

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